El pasado domingo 27 de abril, la sección excursionista EXI2 de CIM Project vivió una jornada inolvidable con el ascenso al Pico de Balandrau.


Una cima de 2.585 metros situada en el Pirineo oriental, en la comarca del Ripollès. La salida, abierta a personas de perfiles diversos, nos ofreció no solo un desafío físico entre nieve y crestas, sino también un espacio seguro para compartir, apoyarnos y celebrar la montaña como lugar de encuentro, acercando los retos de media y alta montaña a todas las personas.

Aunque la previsión meteorológica anunciaba lluvia para mediodía, el tiempo nos sorprendió para bien. Empezamos a caminar desde Tregurà de Dalt sobre las 10 de la mañana con un cielo de sol y nubes y con una buena temperatura. Sin embargo, decidimos no confiarnos y mantuvimos un ritmo constante durante toda la ruta, evitando paradas largas para tratar que el mal tiempo no nos sorprendiera. Durante el recorrido fuimos pasando por el Castell dels Moros, la Collada de Fontlletera y el Coll de Tres Pics, hasta llegar a la cima del Balandrau. Buena parte del camino estaba cubierta de nieve, sobre todo en la parte más alta, lo que sumó un plus de esfuerzo, pero también de belleza.

El grupo supo adaptarse bien a las condiciones gracias a la organización. Algunas zonas exigieron concentración y apoyo mutuo, sobre todo en pendientes más pronunciadas donde el hielo nos obligaba a avanzar con cuidado. Este reto nos permitió vivir momentos de mucha cooperación dónde compartimos bastones, estuvimos pendientes de cada paso de las demás personas del grupo y nos ayudamos en las zonas más delicadas.

El ascenso a la cima nos recibió con viento fuerte, pero también con vistas increíbles. Fue un momento breve pero muy especial. Allí, entre risas, abrazos y fotos, hicimos una breve pausa para descansar un poco, envueltos en un silencio de montaña solo roto por el viento y nuestra alegría. A pesar de la belleza del pico no pudimos detenernos en exceso debido al viento y a la amenaza de lluvia, así que empezamos el descenso a toda marcha.

Durante el inicio de la bajada, la montaña nos regaló uno de los momentos más divertidos de la jornada. Las pendientes eran pronunciadas y el terreno resbaladizo, así que, sin pensarlo demasiado, decidimos deslizarnos sentados, una tras otro, como si fuera un tobogán natural. Todas las personas del grupo nos lanzamos entre risas, nieve en la ropa y alguna curva inesperada, ese tramo fue un ejemplo de cómo la montaña puede enseñarnos lecciones valiosas: convertir un momento de dificultad en una experiencia gratificante.

En el descenso, ya fuera de la zona más alta, hicimos una parada rápida para comer algo. Allí, mientras comíamos y conversábamos, vimos cómo una marmota salía entre las rocas a unos metros del grupo. Nos centramos todos en observarla, por unos segundos reglándonos un momento de calma y sorpresa compartido. Pronto reanudamos la bajada a buen ritmo, llegando al lugar dónde habíamos iniciado esta ruta circular antes de lo previsto, recorriendo en total 14,8 kilómetros con 1079 metros de desnivel.

La montaña nos permitió tener una jornada retadora, inspiradora y muy alegre, no solo por la cima alcanzada, sino por todo lo que compartimos durante el camino. Porque al final, en CIM Project, subir montañas es solo una parte del camino: lo importante es cómo lo hacemos, y con quién lo compartimos.


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